¿Es malo jugar a la pelota con nuestro perro?

 

Es evidente que todos en alguna ocasión hemos jugado con nuestros perros a la pelota; tirarla, ir a buscarla, carreras para atraparla y traerla una, otra, otra y otra vez… ¡Nuestro perrete está eufórico y disfruta muchísimo!

 

¿Seguro?

Se cree que el juego de pelota es un juego lleno de ventajas que ayuda a nuestros perros a hacer ejercicio, divertirse y también cansarse, lo que hará que estén más relajados en casa. Sin embargo, el hecho de que sea una creencia popular no significa que sea cierta.

 

¿Qué opinamos nosotros?

Desde nuestra experiencia como educadores caninos creemos que la pelota no es la mejor opción para jugar con nuestros perros, y esto se debe, fundamentalmente, a la forma que tenemos de jugar con ella. Lo mismo con cualquier juguete que se utilice de la misma manera será igual de nocivo para nuestros perros.

El juego de tirar la pelota es el recurso fácil que utilizamos para cansarlos, pensando que estarán más tranquilos cuando llegue a casa. Sin embargo, hay que tener claro que pasarse todos los días de la semana yendo al parque a tirarle la pelota al perro durante media, una o dos horas, no solo es innecesario, sino que también es muy perjudicial para tu salud mental.

Jugar la pelota de forma tan repetitiva hará que nuestro perro se convierta en un auténtico adicto, obsesivo y dependiente del juego, lo que derivará en un estrés y ansiedad altamente nocivos. Y es que hay algo que debemos tener claro: si nuestro objetivo es cansar y relajar a nuestro perro, de esta manera no solo no lo vamos a conseguir, sino que puede llegar a estar mucho más activo. Jugar así con la pelota produce excitación, que, a su vez, es un generador de eustrés (estrés generado por una emoción positiva). Y este, aunque provenga de algo en principio positivo, se acaba convirtiendo en distrés (estrés negativo) que es muy perjudicial para la estabilidad mental de nuestro peludo.

Jugar a la pelota también puede causar efectos sociales negativos, ya que puede preferir jugar con su juguete antes de interactuar con otros perros y/o personas.

Si bien es verdad que con estas largas corridas nuestro perro acabe cansado físicamente, generará el efecto contrario psicológica y emocionalmente, puesto que esto desembocará en llegar a casa igual o más excitado/estresado que antes (aunque parezca cansado). El paseo tiene que ser fundamentalmente un espacio que le aporte una sensación placentera y relajante y para eso no se debe llegar a altos niveles de estrés prolongados.

 

Os ponemos un ejemplo que nosotros mismos hemos vivido. Nuestro perro Korvu era así, un auténtico “yonki” de las pelotas, los palos, hojas, frisbees y cualquier cosa que se pudiese asemejar. En cuanto veía algo con lo que poder jugar era incapaz de hacer nada más que no fuese perseguirlo, sin control, sin límite, sin poder poner punto y final. Como os podéis imaginar, esto no le sirvió de nada, su ansiedad crecía cada vez más, y al contrario de lo que pudierais pensar después de correr mucho persiguiendo el palo, ¡su distrés aumentaba a la vez que su dependencia por el juego! Además, su adicción desembocó a no relacionarse con perros ni personas, su único objetivo era jugar, lo que luego nos llevo a problemas de socialización.

 

Korvu lleno de arena por no tener control jugando a la pelota

 

Por lo tanto, como veis, esta forma de juego repetitiva es la que es adictiva y nociva, no el juguete en sí. Cualquier juguete puede ser un buen compañero de juego, siempre y cuando lo utilicemos de la mejor manera. Como hemos dicho antes, no todo el estrés es malo, 5 minutos de pelota es un estrés positivo y estimulante, pero 20 minutos es un estrés negativo que producirá un impacto perjudicial a tu perro. En caso de que tu perro ya haya generado esa adicción, lo mejor sería dejar de tirársela hasta que mejore y no le obsesione tanto, la ayuda de un profesional puede ser muy positiva en estos casos. También puedes hacer otros juegos como esconderla y cada vez ir subiendo la dificultad para que la encuentre. Esto hará que ejercite su mente y su olfato, aprendiendo así a disfrutar de verdad jugando como un perro.